Espiritualidad

Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto

La espiritualidad del Instituto Secular Ignis Ardens nace de la vocación a vivir
en plenitud la gracia recibida en el Santo Bautismo,
a partir del cual somos hijos de Dios, llamados a ser santos, como Él es santo.
«Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt, 5,48).
Lo procuraremos con gran disponibilidad y apertura a la acción del Espíritu Santo.

Es la misma vocación de todo cristiano pero que está olvidada en la inmensa mayoría de los bautizados.
¡Somos hijos de Dios por el Espíritu Santo! y deseamos vivir y ayudar a vivir como tales a todos.

Es por eso que nuestra fundadora, Antonia, ha querido infundir el espíritu de perfección en la gente que le seguía.
Así repetía muchas veces: «Bautizado, luego santo y apóstol».
Para vivir este espíritu de perfección es necesaria la gracia de Dios y nuestro pequeño esfuerzo personal.

Los padres de San Bernardo (Tescelin, el moreno y Alice) al celebrar sus Bodas de Plata y ver que la situación en la Iglesia era preocupante, deciden cambiar ellos para cambiar la sociedad:

«Pero ¿qué fue lo que decidimos hace hoy veinticinco años? ¿No hallamos entonces un sistema de reformar el mundo?

Tescelín se detuvo, caviló un momento, contempló a su risueña esposa y repuso riendo a su vez:

– Sí, lo recuerdo. Decidimos que había una forma de cambiar al mundo entero: cambiándonos a nosotros mismos. Nos decidimos por el principio cardinal de que el alma de toda reforma es la reforma del alma del individuo. Decidimos que Dios nos había puesto en este pequeño punto del mundo que llamamos Fontaines, con el único propósito de embellecer este pequeño punto para Él». (M. Raymond, La familia que alcanzó a Cristo).

Antonia ha dado siempre mucha importancia a los pequeños detalles que nos ayudan, no sólo a hacer efectiva esa reforma personal, sino también a aspirar a la perfección. Parecen pequeñeces, pero son una lucha auténtica, porque son una lucha contra uno mismo, ya que el mayor obstáculo es el amor propio.

Estos pequeños detalles nos hacen crecer. Antonia decía: «¡No serán tan insignificantes cuando tanto te cuesta hacerlos!». En el fondo son pequeños sacrificios, pequeños gestos de caridad con el prójimo. Vencimientos que hechos por amor al Señor, nos habilitan poco a poco a una entrega cada vez más generosa.

Se trata de hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias.
Antonia resume en cuatro consignas este camino que se hace con un ejercicio continuo de humildad, caridad y fuerza de voluntad:

  • Lo mejor y lo primero para los demás; lo peor y lo último para mí.
  • No me quejaré nunca de nada ni de nadie.
  • Obediencia pronta y alegre.
  • Rendimiento al máximo en el trabajo y estudio.

La consagrada de Ignis Ardens tiene tres grandes fuentes donde alimentar su vida espiritual: la Palabra de Dios, los sacramentos y la fraternidad. Siguiendo las mociones del Espíritu, además de acudir a las fuentes de la vida espiritual, tiene a la Santísima Virgen como modelo de esponsalidad en Cristo y maestra de vida en el Espíritu.

Así lo aconsejaba continuamente Antonia: “No nos soltemos de su mano. No nos separemos ni un solo momento de Ella”. Y junto a la Madre, a los santos, especialmente los que son referencia para Ignis Ardens: Santa Teresa de Jesús, San Juan de Ávila, Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz y San Rafael Arnaiz Barón.

Una consagrada en Ignis Ardens está llamada a profundizar continuamente en los consejos evangélicos, don de la Santísima Trinidad, mediante los votos de Castidad, Pobreza y Obediencia que nos incorporan al Instituto y nos empeñan a atender a la vida de identificación con Cristo: “Y vivo yo, ya no yo, sino que Cristo vive en mí” (Gal.2, 20) y a la perfección de la caridad apostólica (can.710)”. Así, la forma propia de vivir los consejos evangélicos en Ignis Ardens queda manifestada como un seguimiento más cercano a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo y una dedicación totalmente a Dios como a su amor supremo, para que, entregados por un nuevo y peculiar título a su gloria, la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo, consigan la perfección de la caridad, en el servicio del Reino de Dios.

También es característico de nuestra espiritualidad la atención a la vida de virtudes. La transformación interior de la persona en la línea del amor de Dios contribuye a que en la misma sociedad reine el amor, la justicia y la paz.

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